La historia de Martín y Elisa
4
Elisa
Agosto 2010
Una
mañana me desperté más animada que nunca, había madrugado, ordené la casa, me
di un largo baño de agua caliente mientras pensaba que pondría todo de mi parte
para escapar de una buena vez de Ricardo, quien cada día estaba peor. Él decía que todo era debido a su trabajo, no
había vuelto a maltratarme pero estaba raro, y había decidido contratar un
chofer, me dijo que así podría estar a tiempo en los aeropuertos sin estresarse
antes de un vuelo y después regresaría a casa para que dispusiera de él, pero
por alguna razón, sentí que era una forma de controlarme, en más de diez años
de matrimonio y con la misma profesión, Ricardo nunca pensó en la posibilidad
de tener un chofer, me parecía tan extraño que lo hiciera ahora. También me había regalado un teléfono de
última generación, dijo que para poder comunicarnos mejor, e insistía en que
descargara una aplicación de seguridad, la aplicación tenía acceso a tu agenda,
y marcaba con palomitas los sitios a los que habías asistido, en caso de
secuestro, es decir, en caso de no llegar a un lugar en un tiempo aproximado,
que la misma aplicación calculaba, se activaba una alerta avisando a la persona
a quien tu hubieras elegido, a menos que tu indicaras que habías cambiado la
ruta o la cita. Me resistí a
descargarla, odiaba sentirme vigilada, pero accedí; tenía que ser muy
cuidadosa, para que él no sospechara nada y seguir actuando. No sabía si me estaba equivocando pero al
menos tenía que hacerlo. Intentar
arreglar mi vida.
Encendí
la computadora, tecleé: mujeres maltratadas, el buscador me dio más opciones y
me concentré en dos: Centros de ayuda a mujeres maltratadas, Centros de
orientación y asesoría jurídica a víctimas de violencia. Fui deslizando lentamente hacia abajo el mouse leyendo cuidadosamente las
opciones, hasta que encontré una que llamó mi atención, Centro de Atención
Social y Ayuda para Mujeres. CASA-M. No
había ninguna dirección, solo un teléfono.
Llamé, me contestó una mujer de voz suave y melodiosa. Por un momento me arrepentí y quise colgar,
pero la voz de la mujer me daba confianza.
-Estamos
para ayudarte, puedes confiar en nosotros, somos una institución seria, podemos
asesorarte como tú más lo necesites, tal vez ahora solo estas confundida, o
solo necesitas que alguien te escuche.
Si lo que crees es que estás corriendo un grave riesgo podemos darte
asilo, tu información está segura con nosotros, ahora si así no lo deseas, no
tienes que decirme tu nombre.
-Mi
nombre es Eli… Eli, yo… encontré su teléfono por internet –dije con voz
insegura.
-Bien
Eli, ¿Cómo podemos ayudarte?
-Quiero
dejar a mi esposo, pero no me atrevo.
-¿Y
por qué quieres dejarlo Eli?
-El
me golpeó hace tiempo, no ha vuelto a hacerlo –dije intentando justificar a
Ricardo –pero… temo que un día lo haga de nuevo.
-Tus temores no son
injustificados, ¿por qué crees que lo hará? ¿Has notado algo raro?
-Sí. Él es piloto, su trabajo no tiene horario,
antes trabajaba en una aerolínea y me daba la programación de sus vuelos, luego
perdió su empleo y encontró trabajo como piloto del avión privado de un señor
muy adinerado, está a su total disposición, al principio me avisaba cuando
regresaría a casa, pero desde hace un tiempo, no me avisa, simplemente se
presenta de sorpresa, y se altera cuando me opongo a sus deseos, comienza
gritando e inmediatamente después se calma, explicándome que todo lo que hace
lo hace por mi bien. Siempre quiere
saber dónde y con quien estaré.
-Bueno
Eli, el control también es una forma de violentarte, si ya no te sientes a
gusto a su lado, tienes el derecho a salir de ahí.
-Es
que no tengo a dónde ir, no tengo familia, y tampoco tengo dinero, mi esposo me
da lo mínimo y me obliga a usar tarjetas de crédito, dice que es más seguro,
tampoco me deja trabajar.
-Pero
tendrás alguna amiga, alguien que pueda apoyarte.
-Él
me fue alejando poco a poco de mis amigas y ahora la única amiga que tengo es
la esposa de su mejor amigo, no podría pedirle ayuda.
-Entiendo,
entonces ¿cómo te gustaría que te apoyáramos?
-No
estoy segura –dije más confundida que nunca.
-Bien,
te invito a que visites CASA-M, puedes venir y recibir apoyo, escuchar
historias de otras como tú, o quedarte en la casa junto con otras mujeres que
no tienen a nadie. Voy a darte la
dirección, pero escúchame atentamente, esto es por tu propia seguridad, debes
anotar la dirección en una hoja, memorizarla y después destruirla. ¿Comprendes?
-Sí,
entiendo.
-Puedes
volver a llamarnos, si te sientes más cómoda, o ir al Centro si así lo
decides. Nuestras puertas están
abiertas, pero nadie podrá ayudarte más que tú misma.
Cuando
colgué estaba más temerosa que antes, y con más dudas. Memoricé la dirección del centro y tiré la
hoja donde lo había anotado a la basura.
Esa
mujer tenía razón, nadie haría por mi nada. Era yo quien tenía que pelear,
ponerme bajo la protección de alguien ya lo había vivido, y no había
funcionado, esta vez tenía que hacerlo por mí misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario