La Historia de Martín y Elisa
1
Elisa
Mayo, 2011
Mayo, 2011
Cuántas
veces le decimos a una persona o a varias (dependiendo de nuestro nivel de
escrúpulo o bien, inestabilidad, calentura, o estupidez): “Eres el amor de mi
vida”; cuando en realidad lo que
debíamos decir es: “Soy el amor de mi vida”.
Si en vez de buscar o esperar a que llegue ese amor y comprendiéramos
que podemos ser felices con nuestro propio amor, el que hacia nosotros mismos
debería ser infinito, fiel, sincero y poderoso.
Pero
¿será que esto es imposible? Que el ser humano ni siquiera es capaz de serse
fiel a sí mismo, ¿será que es parte de nuestra naturaleza? Se supone que el cerebro es capaz de…
razonar. O tal vez, el problema simplemente
está en el inconsciente.
Es
curiosa la forma en que trabaja nuestra mente; cómo desde joven intenta
aprenderlo todo, grabando como cincel en dura piedra todo lo que le permiten
los sentidos: sensaciones, olores, sabores.
Información que va construyendo pensamientos y moldeando los
sentimientos y a lo largo de la vida dejando cicatrices en forma de recuerdos.
Recuerdos.
Imágenes
de los últimos años de mi vida comenzaron a correr en mi mente a gran
velocidad. Intentaba descifrar el
momento que me había traído a esto, imaginé una chispa, y una larga mecha que
fue consumiéndose lentamente hasta hacer estallar la bomba. Seguí rebuscando, registrando archivos,
vaciando cajones, tenía que haber algo, el origen de esta terrible situación:
la de encontrarme tirada en el suelo, en medio de un charco de sangre.
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