La historia de Martín y Elisa
1
Martín
Diciembre, 2009
Diciembre, 2009
Retrocedes,
avanzas, dudas, te equivocas, no peleas, arruinas tu vida.
¿Será
que tus malas decisiones te llevan a dónde estás? ¿Es así? O ¿es simplemente el
destino? Me lo cuestiono una y otra vez.
Piensas que tu vida será de una forma en determinado momento y termina
tan diferente. La gente incluso puede armar
toda una historia de quien cree que eres, de tu pasado y hasta de tu futuro,
cuando ni siquiera tú mismo entiendes hacia dónde vas. Y ni cómo, ni cuándo llegaste a esto.
Mi
padre, por ejemplo, en su pasado fue un obsesivo y adicto al trabajo,
intentando siempre ganarle tiempo al tiempo; ahora en su presente era un viejo
enfermo que veía pasar el tiempo y en sus ratos libres conocía a los hijos que
no había disfrutado, y disfrutaba a la mujer que había conocido.
En
mi caso, este era mi presente: había llegado a una edad madura, al éxito profesional,
y a una terrible soledad. Soledad que me
hacía evocar mi pasado y definir mi actual vida, tenía todo, menos compañía;
porque no había podido olvidarme de Elisa.
-Pero
Martín, es la cosa más idiota que he oído en toda mi vida –dijo mi hermana
cuando le confesé mi “problema”. Cómo
quieres que crea que no sientas cabeza porque a cada mujer que conoces la
comparas con aquella chica de la cual te enamoraste a primera vista pero que en
realidad nunca llegaste a tratar.
Y
sí, dicho de esa manera sonaba verdaderamente idiota.
-Pues
esa es la verdad Mónica, no hay otra razón.
Siguió
mirándome sorprendida. El sonido de las
hojas secas que se rompían mientras caminábamos, era lo único que disimulaba el
enmudecimiento que mi explicación le había causado a mi hermana. Salimos al jardín como cuando éramos niños y
mi tío Germán, el médico de la familia, revisaba a mi padre y nos pedían que
saliéramos. Ahora lo hacíamos por
costumbre.
-Bien,
si acaso alguien me pregunta alguna vez, les diré que has llegado a esta edad
soltero porque tienes miedo al compromiso –dijo convencida luego de unos
minutos.
Yo
dejé escapar una risita y moví la cabeza negando. Siempre creí que mi hermana era una romántica
empedernida y hasta creí que me comprendería.
Pero al parecer otra vez me había equivocado, Mónica era completamente
impredecible.
-¿Cómo
se llamaba esa chica?
¿Se
llamaba? La pregunta de mi hermana me
estremeció. “Se llama” afirmé para mis
adentros. Aunque nunca consideré el
hecho de que ella podría ya no estar en este mundo. Habían pasado muchos años.
El teléfono
celular de mi hermana empezó a sonar, se disculpó y se alejó de mí unos metros.
Las
palabras de mi tío Germán cuando llegó esa mañana resonaron en mi mente: “los
accidentes no existen Martín, son falta de atención, actos de arbitrariedad o
prácticas violentas y son una forma de abandonar este mundo”.
En
ese momento apareció mi tío para decirnos que mi padre no se había hecho daño,
luego de la caída que tuvo al tropezar en las escaleras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario